PALERMO

Paradójicamente, los dos únicos colores que no lo son, el blanco y el negro, han prevalecido como estándares supremos y continuados de la elegancia. Situados en los extremos de la escala cromática, ambos, negro y blanco permanecen como patrones de referencia estética, como tendencias estáticas que han sobrevivido a diseñadores y a vanguardias porque siempre han estado ahí como recurso, como inspiración, como eslabones de estilo con el resto de colores, como iconos cromáticos invariables que nunca defraudan a las miradas, propias o ajenas. Este concepto eterno de la dualidad cromática se ve alterado, modernizado y sofisticado por la introducción de su acabado en madera envejecida y su forma transgresora, que unidas forman el nexo de unión entre las piezas. La colocación es, pues, puro corte, puro corte geométrico, con toda la carga de dinamismo estético que conlleva esta apuesta asociativa de cada una de las piezas y que permite múltiples formas de colocación La colección PALERMO es un derroche de sensorialidad puro clasicismo en el fondo frente a pura vanguardia en la forma. ¿Atrevimiento o conocimiento? Ambos, con seguridad. ¿Blanco o negro? Ambos, por favor.